viernes, 28 de noviembre de 2008

Sobre el espíritu para celebrar la Santa Misa

Opinión del sacerdote argentino José María Delfino Carpené aparecida en su Blog Lex Ecclesiae el pasado viernes 21 de noviembre.

Mi interpretación de la celebración del Cardenal de Viena

La celebración del Cardenal vienés Christoph Schönborn en la localidad de Wolfsthal está siendo mirada y analizada por muchos desde una filmación que ha invadido muchos sitios en el ciber espacio.

La he visto. Me ha causado mala impresión. Es justamente lo contrario al clima de sacralidad que debe tener cualquier celebración litúrgica, sobre todo tratándose de la Eucaristía.

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No me animo a entrar en detalles de la misma porque lo que se ve son partes. Creo que es suficiente para darse cuenta que una Misa no se celebra en una ambiente así entre globos, música estridente de rock, luces sicodélicas, etc.

Tengo una preocupación que me parece clave en esto: ¿qué mueve a un ministro para celebrar así? Aquí se trata de un cardenal de la Iglesia, y eso hace más relevante el acontecimiento, pero digamos la verdad que cosas por este estilo y peores las hay por todo el orbe católico.
Creo, por una dolorosa experiencia en una anterior parroquia, en que por ser céntrica me pidieron permiso para una celebración eucarística de la pastoral juvenil diocesana, de la que quedé escandalizado, por la que tuve que enfrentarme post Misa con el padre que la celebró, a más de pedirle que en la parroquia no había más permiso para ese tipo de liturgias, que existe esa peregrina idea que a los jóvenes se les debe hacer un espacio y una liturgia a su medida.
Es cierto que una gran parte los jóvenes están pendiente del rock, de todo lo que es vértigo, color, luces, etc. Entonces... hagamos algo que se asemeje a lo que les gusta. Les gusta... si, pero si les preguntás porqué no lo saben. Más, si averiguás... nos van a decir que tampoco los satisface... no los llena, quedan igual o peor que antes. Están en aquello que masivamente les ofrecen. La oferta de pensar en serio la vida, en plantearse seriamente el origen, el destino, etc. no es abundante. Tan poco abundante como formarlos e introducirlos a una dimensión diferente de la que están todo o casi todo el día inmersos. Si me dicen que no es fácil, les digo que nada fácil.
Entiendo que algo de esto tiene que ver con la Misa austríaca en cuestión. Se preparó para jóvenes, se la pensó para que no sintieran la ruptura de nivel que tiene la vida común con la vida sacral, que los debiera poner frente a Dios, frente a sí mismos, frente a sus hermanos, en una clima diferente, diverso. De tal manera que pudieran llegar a decir: "Estuvimos bien en un ambiente que desconocíamos".
¿Quién preparó la Misa de Wolfsthal? Debe ser que algún vicario para la juventud, o un grupo diocesano de jóvenes con ayuda de algún sacerdote asesor. Me imagino. Los clérigos en general estamos siempre propensos a pensar que a los jóvenes:cosas de jóvenes, a los niños: cosas de niños, en algún lugar he visto Misas con niños con el sacerdote disfrazado de payaso.
¿Qué pasó con el arzobispo? ,¿Le dijeron que iba a ser así? Quizás no. Pero cuando comenzó... siguió. El miedo a no sintonizar. A que si decía "Aquí en este clima no celebro el sacrificio del Señor", quedaba como el malo, incomprensivo, intolerante y demás. Miedo a no ser comprendido. Pasa. Pasa en todos lados.
Conozco una peregrinación de jóvenes, que hace muchos años se hace. Se camina con un temario a un Santuario Mariano. Se comienza ambientando con música cristiana, pero dicharachera, mediando guitarra eléctrica, batería, bajo, etc. se baila, se salta, se canta. No nos animamos a invitarlos a pasar al templo a adorar a Jesucristo, para que en clima de piedad y oración, no sin música, tampoco sin alegría, pero la adecuada, para que aquel caminar no sea simple trasladarse y experimenten satisfacción para quienes peregrinan, de tal manera que cuando se llegue al Santuario la Misa sea la coronación de todo un movimiento del espíritu.
No hay propiamente Misa de Jóvenes, o de niños, o de las familias. En todo caso hay Misas con jóvenes, con niños, con familias. Hay una sola Misa de Jesucristo, y punto. Que haya adaptaciones de acuerdo a las normas para la diversidad de concurrentes es otra cosa.
Por eso plantear una pastoral eclesial en serio, tomarse a pecho y con toda radicalidad el ser católico es una prioridad. Animarnos los ministros, consagrados y comprometidos con la misión de Cristo a presentar su vida como una manera distinta, diferente, de existir, de vivir, de encontrarnos con Dios, con nosotros y con los demás es algo esencial. El ofrecimiento de la Iglesia no debe ser más de lo mismo.

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